En los proyectos de infraestructura es habitual enfrentar cambios de alcance, variaciones en las condiciones previstas, deficiencias en el expediente técnico, demoras en la absolución de consultas, y otras circunstancias que pueden afectar los costos y plazos de ejecución. Sin embargo, la experiencia en la defensa de controversias relativas a contratos de construcción demuestra que un tema recurrente en el debate arbitral posterior es el vinculado a incumplimientos de los actos de notificación pactados, la inobservancia de los plazos contractuales y la falta de seguimiento de los procedimientos previstos por las partes para la producción de material probatorio.
Melissa Núñez, socia del área de Litigios y Arbitrajes de Garrigues, advierte que muchas veces los aspectos vinculados a la gestión contractual reciben menos atención que los problemas técnicos y operativos de una obra.
“En muchos proyectos, los equipos se enfocan en resolver los desafíos técnicos y mantener el avance de la obra, subestimándose la importancia de las notificaciones y el cumplimiento de los procedimientos contractuales. A veces, son precisamente estos aspectos los que pueden terminar definiendo el éxito o fracaso de un reclamo, sobre todo cuando por pacto las partes atribuyen cierta eficacia probatoria a la información que pueda ser producida durante la ejecución misma”, explica Núñez.
Según la especialista, un aspecto clave es el seguimiento contractual. En proyectos que involucran múltiples actores, hitos y decisiones que se desarrollan en plazos reducidos, resulta fundamental contar con mecanismos que permitan monitorear de manera permanente las obligaciones contractuales, las comunicaciones relevantes y aquellos eventos con potencial impacto en la ejecución de la obra. Sobre todo, hay que tener conciencia de si el contrato prevé la necesidad de elaborar información de sustento sobre la base de fuentes específicas o en tiempos determinados, a fin de poder soportar luego el reclamo que se llegue a presentar.
La documentación generada durante la ejecución de los trabajos suele ser determinante cuando surge una controversia. Reportes diarios, fotografías, registros técnicos, cuadernos de obra y comunicaciones de campo pueden convertirse en elementos fundamentales para sustentar una posición contractual. De ahí que una coordinación adecuada entre los equipos técnicos y quienes administran el contrato resulte clave para producir adecuadamente y preservar esa información. Por lo demás, en proyectos de infraestructura cada vez más complejos, una adecuada gestión contractual contribuye no solo a prevenir controversias, sino también a gestionar de manera más eficiente los riesgos asociados a la ejecución de las obras.
“Muchas veces la diferencia entre un reclamo exitoso y uno rechazado no está solo en el aspecto técnico de la controversia, sino en la capacidad de acreditar adecuada y oportunamente los hechos, cumpliendo con los procedimientos previstos en el contrato”, concluye Núñez.
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