Durante décadas, el Perú ha construido escuelas sin considerar el diseño bioclimático ni las características geofísicas de las distintas regiones naturales del Perú. Con el fenómeno del Niño esto se ha agravado. Aulas pensadas para temperaturas estables hoy enfrentan olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos cada vez más frecuentes. Gran parte de la infraestructura educativa del país continúa respondiendo a una realidad ambiental que ya cambió
En 2024, el país volvió a enfrentar el impacto de lluvias intensas y altas temperaturas en múltiples regiones, afectando la continuidad educativa y exponiendo la fragilidad de miles de colegios. De acuerdo con información del Ministerio de Educación, la brecha de infraestructura educativa supera los S/ 164,000 millones, mientras que numerosos planteles permanecen vulnerables frente a inundaciones, filtraciones, colapso de techos o estrés térmico, especialmente en zonas expuestas al Fenómeno de El Niño.
Para José Ignacio Pacheco, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de UCAL y doctor en urbanismo, el problema no radica únicamente en cuánto se construye, sino también en cómo se diseña. “El país no puede seguir levantando escuelas con una lógica homogénea, como si las condiciones climáticas fueran las mismas en Piura, Cusco o Loreto. Hoy necesitamos una arquitectura educativa resiliente, que dialogue con el territorio y anticipe los riesgos ambientales”, explicó.
En Ecuador, donde el Fenómeno de El Niño también genera afectaciones recurrentes, el sistema educativo ha comenzado a incorporar medidas más específicas de adaptación climática. En 2024, el Ministerio de Educación ecuatoriano implementó un plan de acción frente a la temporada de lluvias que incluyó la intervención de 204 instituciones educativas ubicadas en zonas vulnerables, con una inversión superior a USD 7.5 millones, destinada a reforzar cubiertas, sistemas hidrosanitarios y obras de mitigación ante inundaciones.
Además, iniciativas como el programa de Escuelas Resilientes al Clima, impulsado junto con UNICEF, han incorporado mejoras en acceso al agua, saneamiento y adecuación de espacios escolares para responder mejor a eventos climáticos extremos. Esto demuestra que la infraestructura educativa puede planificarse desde la prevención y no únicamente desde la reacción al desastre.
“Ecuador entendió algo importante: la infraestructura escolar no puede reaccionar después del desastre, debe prepararse antes. No se trata de copiar modelos, sino de aprender que cada escuela debe responder a las condiciones del lugar donde está emplazada”, sostuvo Pacheco. Agregó que, en el caso peruano, esta mirada resulta urgente ante un escenario donde los eventos extremos son cada vez más frecuentes e intensos.
Frente a esta realidad, el especialista plantea cinco cambios prioritarios para transformar la infraestructura educativa peruana hacia un modelo más resiliente:
- Diseño bioclimático y no con estándares genéricos: Las escuelas deben responder a la ecorregión natural en donde se asientan. En la costa norte sistemas de ventilación y protección frente al calor; en zonas altoandinas, así como aislamiento térmico y sistemas pasivos de generación de confort térmico; y en territorios amazónicos, estructuras adaptadas a lluvias intensas y humedad permanente. Y en todos servicios higiénicos de calidad
- Incorporar gestión del riesgo desde el diseño: La ubicación de los colegios y la calidad de los suelos no pueden ser aspectos secundarios. Se requiere integrar mapas de riesgo, repensar si la zona del colegio es inundable y si se están realizando las obras necesarias para desvío de torrentes y contención de ríos. Investigación geofísica para evitar zonas de fracturas y desprendimientos que reduzcan vulnerabilidades frente a inundaciones o huaicos. En la edificación diseño de drenajes pluviales eficientes, alerones y sistemas de movilidad universal.
- Priorizar materiales y soluciones sostenibles: La infraestructura escolar debe reducir la huella de carbono en sus materiales, materiales sustentables y soluciones pasivas que mejoren el confort térmico sin elevar excesivamente costos operativos.
- Construir espacios flexibles y seguros: Las aulas deben responder a nuevas necesidades pedagógicas y de emergencia, permitiendo adaptaciones rápidas frente a cambios climáticos, sismos o usos comunitarios.
- Pasar de la reacción a la prevención: Se debe establecer un plan de acción ante eventos de inundaciones y sismos diseñando módulos para enseñanza y vivienda pensados para la emergencia pero que mediante adaptaciones menores puedan reutilizarse. La planificación pública debe anticiparse al riesgo y apostar por infraestructura definitiva capaz de resistir escenarios climáticos futuros.
Desde UCAL, la Arquitectura no se entiende solo como edificación de espacios, sino como el diseño de ambientes de calidad que solucionan problemas y prevengan contra los desafíos del clima y fenómenos meteorológicos, para tener una mejor calidad de vida. Para el Decano José Ignacio Pacheco, el desafío no es solo reconstruir escuelas deterioradas, sino crear las escuelas que los niños y jóvenes del Perú merecen, para lograr aprender con seguridad y confort. “Seguimos pensando en escuelas para el clima del pasado, cuando deberían diseñarse para este futuro. La educación también depende de espacios seguros, adaptables y preparados para los cambios que ya estamos viviendo”, concluyó.


